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PRIMERAS PALABRAS

por cristinica

Las primeras palabras son importantes y llegan cargadas de magia. Quizás más para el que las escucha, ansioso de convertirse en mamá, papá, yaya o abu, que para el pequeño ser que las reproduce de forma espontánea. Unos meses después, un oído hipersensible y un sinfín de conexiones cerebrales abren paso a los fonemas de la lengua materna.  Y, por mucho que nos sorprenda, no necesitan instrucciones para aventurarse en el universo lingüístico, como tampoco les hizo falta para caminar o comer. En pocas semanas pasan de decir palabras sueltas a olvidarse de respirar mientras hablan y hablan.

Máximo está en la fase que las abuelas denominan de ‘repitimonos’. Roba las últimas sílabas de todas mis palabras y  las reproduce sin descanso. Cuando cantamos El señor don Gato y anuncio que va a casarse con una gatita blanca, él repite ca-ca-ca-ca… hasta que su cerebro las une, suelta una carcajada y se lleva la mano a la nariz haciendo aspavientos. Porque sí, las cacas huelen mal.

Su aptitud para relacionar conceptos nos asombra y, la mayor parte de las veces, mamá y papá  nos volvemos locos intentando descifrar las mejores conversaciones que hemos tenido nunca. Nos reímos mucho y alucinamos más. La información le llega a destajo y en cantidades industriales y, aun así, su capacidad de absorción supera con creces a la de la mejor esponja del mercado.

Y ese proceso de aprendizaje y de experimentar con la lengua nos regala, a todos los padres, momentos únicos que no deberíamos olvidar. Quizás por eso he querido inmortalizarlos en este relato reflexivo. Qué mejor forma de salvaguardar sus primeras palabras que dejándolas por escrito.

Aquí van algunos ejemplos de esas conexiones, tan deslumbrantes como divertidas, que merecen un hueco en mi memoria:

1. Mamá canta Había una vez…un circo… Máximo sale corriendo, rebusca en su caja de juguetes y trae un círculo rojo acompañado de una gran sonrisa. CIRCO-CÍRCULO.

2. A punto de dormir, en un intento de que se relaje. Mira, los animales del cuento bostezan, tienen mucho sueño. Te hablo bajito para no despertarlos. Susurro… Y Máximo rebuzna alto y fuerte como un burro. SUSURRO-BURRO.

3. Su tío Javi le regala un globo al que le pinta una cara con las orejas bien grandes. Desde entonces, cada vez que leemos el cuento de Los tres cerditos y aparece el lobo, Máximo practica gimnasia como su tío, se toca las orejas y, para rematar, sopla y sopla hasta que se queda sin aire. Y es que un lobo solo es un globo al que se le ha caído una letra. GLOBO-LOBO.

4. Máximo, llevas una legaña en el ojo. Respuesta: castañeo de dientes. Lo mismo si hay lasaña para comer o si, en este caso sí, buscamos la piraña en el cuento de los peces. LEGAÑA-LASAÑA-PIRAÑA.

5. Dispone todas sus ollas sobre la alfombra y les coloca las tapas. Le encanta cocinar, sobre todo aderezar los platos con aceite, sal y pimienta. Máximo, mira, esta olla se llama wok. Y menea la cabeza como Jon Bon Jovi. WOK-ROCK.

6. La vaca muuuuuge, igual que la albahaca. Lo mismo que su toro Ferdinando y, por extensión, su abuelo Fernando. VACA-ALBAHACA-FERDINANDO-FERNANDO.

No sé si el resto de madres y padres disfrutarán tanto de este proceso o es cosa mía, por eso de que no callo ni debajo del agua y las letras corren desenfrenadas por mis venas. Espero que os deleitéis con cada nuevo descubrimiento. Nuestro lenguaje es tan rico que hay que saborearlo desde el primer bocado.

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